La mayoría de autónomos fija su precio dividiendo el sueldo que le gustaría cobrar entre las horas del año. Es el cálculo que explica por qué tanta gente factura mucho y gana poco. Aquí tienes el método correcto, con la fórmula y tres ejemplos completos.

Hay una conversación que casi todo freelance tiene consigo mismo al empezar: «si por cuenta ajena ganaba 30.000 € brutos y el año tiene unas 1.760 horas laborables, mi hora vale 17 €». A partir de ahí se redondea a 20 € «por ser autónomo» y se sale al mercado con un precio que, en cuanto pasan doce meses, no da para vivir.
El problema no es la ambición, es la aritmética. Ese cálculo ignora dos realidades que cambian el resultado por completo: que como autónomo pagas costes que antes pagaba tu empresa, y que no todas tus horas de trabajo son horas que alguien te paga. Corregir esas dos variables suele duplicar la tarifa resultante. Vamos paso a paso.
Las 1.760 horas salen de multiplicar 220 días laborables por 8 horas. Es el calendario de una persona empleada, y como referencia para un autónomo tiene tres fallos:
Empieza por el final: cuánto dinero necesitas que llegue a tu cuenta personal cada mes, ya limpio, para vivir con normalidad y ahorrar algo. No pongas el mínimo de supervivencia; pon la cifra real, la que incluye vivienda, comida, transporte, ocio y una aportación al colchón de imprevistos.
Multiplícala por doce y tendrás tu objetivo neto anual. Es la única cifra de todo el cálculo que decides tú sin negociar con nadie. Si al terminar el ejercicio la tarifa resultante te parece imposible de vender, el ajuste vendrá después; no lo hagas aquí bajando artificialmente tus necesidades.
Sobre ese neto se apilan los costes que en el mundo asalariado eran invisibles porque los asumía la empresa. Estos son los que casi nadie olvida y los que casi todo el mundo sí:
Aquí está el ajuste que más cambia el resultado. Parte de las 1.760 horas teóricas y réstale lo que la realidad se lleva:
| Concepto | Impacto típico | Horas restantes |
|---|---|---|
| Año laborable teórico (220 días × 8 h) | — | 1.760 |
| Vacaciones y festivos propios | −4 semanas | ~1.600 |
| Administración, facturación y fiscalidad | −4 a 6 h/semana | ~1.380 |
| Comercial: presupuestos, reuniones, propuestas | −4 h/semana | ~1.190 |
| Formación y marketing propio | −2 a 3 h/semana | ~1.070 |
| Huecos entre proyectos y ocupación imperfecta | −10 a 20 % | 900 – 960 |
De 1.760 a unas 900-1.000 horas facturables. No es pesimismo: es lo que sale al cronometrar un año completo. Un freelance con muy buena cartera y poca gestión puede acercarse a 1.200; uno que empieza y dedica mucho tiempo a captar clientes puede quedarse en 700.
Si llevas más de un año de actividad, no estimes: mide. Suma las horas realmente facturadas en tus últimas doce facturas y tendrás tu número exacto.
Tres apuntes para aplicarla bien:
Cifras redondeadas y a título ilustrativo, para que veas cómo se mueve el resultado según el escenario:
| Concepto | Perfil A: inicio | Perfil B: consolidado | Perfil C: especialista |
|---|---|---|---|
| Neto anual objetivo | 21.000 € | 33.000 € | 48.000 € |
| Costes de estructura | 3.000 € | 6.000 € | 11.000 € |
| Cuota RETA + IRPF (provisión) | 9.000 € | 17.000 € | 29.000 € |
| Facturación necesaria | 33.000 € | 56.000 € | 88.000 € |
| Horas facturables | 800 | 950 | 1.000 |
| Tarifa mínima | ≈ 42 €/h | ≈ 59 €/h | ≈ 88 €/h |
Fíjate en el perfil A: alguien que aspira a 1.750 € netos al mes necesita cobrar unos 42 €/h, no los 20 € del cálculo intuitivo del principio. Esa brecha —la mitad del precio— es exactamente la que hunde a muchos proyectos en su segundo año.
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Empezar gratis en Kuentas.euEl resultado de la fórmula es tu suelo, no tu precio. Por debajo de esa cifra trabajas a pérdida; por encima empieza la negociación. Para colocar tu precio final entran dos factores más:
Mira qué cobran perfiles equivalentes en tu sector, tu región y tu tipo de cliente. Fuentes útiles: convocatorias públicas con presupuesto detallado, tarifas publicadas por asociaciones profesionales, foros de tu gremio y, sobre todo, conversaciones directas con colegas. Si tu suelo está muy por encima de la referencia, el problema suele ser el volumen de horas facturables o un exceso de estructura, no la tarifa.
Una hora de trabajo que ahorra 500 € al mes a una empresa no vale lo mismo que una hora que le ahorra 50 €. Cuando puedas cuantificar el impacto de tu trabajo —ingresos generados, costes evitados, riesgos eliminados—, tu precio deja de discutirse en términos de horas.
La tarifa horaria es una herramienta de cálculo excelente y, muchas veces, un mal modelo de venta. Tiene un defecto estructural: penaliza tu experiencia. Cuanto mejor eres, menos tardas, menos facturas.
Conviene cambiar de modelo cuando:
Incluso en esos casos, calcula internamente la tarifa horaria: es lo que te dice si el precio cerrado que acabas de aceptar tiene sentido.
Es la parte que más pereza da y la que más dinero mueve. Cuatro reglas que funcionan:
Entre 900 y 1.000 en un escenario normal, frente a las 1.760 teóricas. La diferencia se va en administración, tareas comerciales, formación, marketing propio, vacaciones y huecos entre proyectos. Si llevas más de un año, mide tus horas facturadas reales en lugar de estimarlas.
No. El IVA lo repercutes al cliente y lo ingresas en Hacienda, así que nunca forma parte de tus ingresos. Calcula y comunica siempre la tarifa sin IVA, indicándolo de forma expresa en presupuestos y facturas para evitar malentendidos.
No necesariamente, pero las diferencias deben responder a criterios defendibles: volumen comprometido, plazos de pago, urgencia, complejidad o exclusividad. Lo que conviene evitar es un precio distinto por cliente sin lógica detrás, porque tarde o temprano se sabe y es difícil de explicar.
Usa la fórmula con estimaciones prudentes: 800 horas facturables el primer año, costes de estructura reales y una provisión de impuestos generosa. Revisa el cálculo a los seis meses con datos propios; casi siempre el ajuste es al alza.
Por horas cuando el alcance es incierto o el trabajo es de acompañamiento; por proyecto cuando el encargo está bien definido y tienes medido cuánto tardas. En cualquier caso, calcula siempre la equivalencia horaria interna para saber si el precio cerrado te compensa.
Una vez al año como mínimo, y siempre que cambie algo relevante: nueva especialización, un salto de demanda, un aumento claro de costes o una carga de trabajo que ya no puedes absorber. Tener una fecha fija de revisión anual convierte la subida en rutina en lugar de en conflicto.